911, fuera de servicio para las mujeres

Excelente análisis de Angélica de la Peña, mientras el mundo se preocupa por el aumento de la violencia intrafamiliar en el aislamiento, AMLO lo desestima.

Por Angélica de la Peña

El Presidente López Obrador padece de una mitomanía patológica o un machismo anacrónico, sólo así puede explicarse que continúe minimizando la violencia contra las mujeres, ahora haciendo referencia a las llamadas de auxilio recibidas por el número de emergencias 911 para denunciar violencia contra ellas.

A estas alturas, los exabruptos presidenciales no sorprenden y no pasarían del trago amargo cotidiano, si no fuera porque las mujeres mexicanas hemos debido llevar una batalla interminable contra la violencia machista.

El Diario de los Debates del Congreso de la Unión es testigo de las alianzas para promover legislación a favor de nuestros derechos. Tenemos una historia que no desaparecerá por los comentarios presidenciales. En la 57 legislatura (97/2000) el Grupo Plural Pro Víctimas presentó a la Cámara de Diputados un paquete de reformas en materia civil y penal. La Cámara dictaminó este trascendental e histórico paquete de reformas a los códigos civil y penal para el Distrito Federal y toda la República en materia de violencia intrafamiliar; particularmente refiero la que provocó la adición del artículo 265bis al código penal que tipifica la violación a la cónyuge o concubina estableciendo la misma pena que la violación perpetrada por un hombre sin relación con la víctima. Un diputado se atrevió a decir en tribuna que esa reforma era aberrante y acusaba las promoventes serían culpables de que el marido recurriera a la prostitución y por lo tanto serían responsables que llevara enfermedades venéreas a su esposa. Sus colegas le dieron una lección respecto de que la pareja femenina no es una cosa, sino una persona que tiene derechos; derecho a no ser violada ni por su marido, porque además violentaba la confianza y respeto a su persona por parte de quien le debería amar.

México aprobó en 1995, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer también conocida como la Convención Belém Do Pará. Desde 2007 es vigente la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre Libre de Violencia.

Muchos obstáculos hemos enfrentado para ser reconocidas como sujetas de derechos: al voto, al trabajo, a la tierra y a la herencia, al estudio, a decidir con quién casarnos, a decidir cuántos hijos tener, a acceder a una vida libre de violencia; así en todo el mundo. Somos parte de una sola familia humana en referencia a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por eso inaceptable que el Presidente diga que la familia mexicana es ejemplo para el mundo; nos indigna que afirme que 90% de las llamadas de auxilio de las mujeres al 911, hoy obligadas por la pandemia al confinamiento, son falsas.

Frente a un presidente que niega la violencia contra las mujeres y el machismo; que minimiza el feminicidio; que nos considera mentirosas cuando suplicamos auxilio; frente a la violencia institucional de López Obrador, no podemos sino ratificar nuestro compromiso de continuar exigiendo el reconocimiento de nuestro derecho a una vida libre de todo tipo de violencia.

Ha de ser terrible formar parte de su gobierno habiendo tenido una historia emancipadora e insistente rebeldía: me refiero a las feministas que hoy forman parte de su gobierno y seguramente les ordenan callar o afirmar que la cosa no está tan peor. Nos faltan 100, no, son menos, nos faltan 1000.


La presente columna apareció originalmente publicada en El Sol de México, agradecemos a la autora su autorización para publicarla también en Observatorio Ciudadano.



 

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