La vía mexicana al fascismo

Nos presenta Isidro H. Cisneros un excelente análisis sobre el comportamiento de López Obrador que, guardadas proporciones, lleva a México rumbo al fascismo.

Por Isidro H. Cisneros

Guardando las debidas proporciones el comportamiento de López Obrador asemeja profundamente al de Benito Mussolini creador del régimen fascista italiano, donde el partido gobernante y las instituciones del Estado se orientaron a la constitución de un “nuevo orden económico, social y político” caracterizado por un férreo control de los medios de información, la aparición de una clase gobernante entregada al líder y la cancelación —en los hechos— de las instituciones democráticas especialmente de la función de control parlamentario. Así como por una paulatina militarización de la vida pública, la imposición de un modelo de capitalismo de Estado radicalmente centralizador y por el despliegue de una cultura sometida al régimen de la mano de intelectuales serviles al gobierno. Dicha estrategia se complementó con la nacionalización de las masas a través del ideal de una sociedad saludable y feliz, con un simbolismo ideológico basado en la Razón de Estado, según la cual, las mejores decisiones son aquellas adoptadas desde el poder y por una política exterior al servicio de un exacerbado nacionalismo contrario a la cooperación internacional.

López Obrador gobierna por decreto, marginando a las instituciones que se construyeron durante mucho tiempo para evitar, justamente, los abusos del poder. Así ocurrió desde el inicio de su mandato cuando decidió, basado solo en su criterio, cancelar el aeropuerto internacional de Texcoco, le siguió la imposición del Tren Maya sin importarle los estudios de impacto ambiental, y la refinería de Dos Bocas que carece de viabilidad económica. Al rechazo de inversiones multimillonarias a través del esquema de consultas populares manipuladas, se sumaron nuevas cancelaciones en los sectores de telecomunicaciones, petróleo, gas y electricidad.

La decisión adoptada este viernes para imponer —fuera de todo protocolo legal— una normatividad que limita la participación del sector privado en 44 proyectos de generación de energías renovables y limpias en 18 estados del país, afecta al medioambiente al impedir la operación de nuevos parques de energía eólica y solar. Esta errónea estrategia generará 714 mil toneladas de bióxido de carbono al mes. También impactará la inversión, calculada en 6,400 millones de dólares, y al empleo porque se perderán 29,500 puestos de trabajo. Esta absurda decisión ya provocó la protesta la Unión Europea y de Canadá. Además, el nuevo monopolio de generación de energía eléctrica quedará en manos del cuestionado Manuel Bartlett y de sus enormes conflictos de interés.

La “nueva política económica en los tiempos del coronavirus” que impulsa López Obrador se suma a la oprobiosa militarización de la seguridad pública, decidida también por decreto presidencial, mediante la cual se ordena la participación de las fuerzas armadas en esta materia hasta el 2024. Tomando como fundamento un artículo transitorio de la reforma constitucional sobre la Guardia Nacional, se dejan en el limbo jurídico las definiciones de participación extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria. Con profundas carencias de convencionalidad y constitucionalidad esta disposición es contraria a la obligación legal de establecer instituciones civiles profesionales y capacitadas para proporcionar seguridad pública.

El sistema político fascista buscaba instaurar un “cesarismo totalitario”, es decir, una dictadura carismática integrada en una estructura institucional basada en el partido hegemónico y en la movilización de las masas. La personalización del poder representaba una autocracia tradicional, donde la función del Jefe Máximo era fundamental en la organización y adoctrinamiento de la sociedad. Afortunadamente, la política fascista encontró obstáculos, resistencias y límites impuestos por una oposición que nunca se sometió a sus dictados.


La presente columna apareció originalmente publicada en La Crónica, agradecemos al autor su autorización para publicarla también en Observatorio Ciudadano.



 

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